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Introducción a la técnica para interpretar en el theremin

Para interpretar música en el theremin el ejecutante ha de alterar de forma controlada y sincronizada los campos electromagnéticos de las dos antenas del instrumento.

 

Las siguientes explicaciones son muy resumidas y carentes de gráficos, servirán como primer contacto a la técnica thereminística e introducción a la mecánica del instrumento. El artículo está especialmente pensado para los alumnos que empiezan sus estudios de theremin.

Presentación

Hay que dejar claro que el theremin no es un simple «aparato» electrónico, sino, ante todo, un instrumento musical. Como ocurre con todo instrumento, para su dominio se requiere de un largo aprendizaje supervisado por un profesor. De poco sirven los talleres y encuentros dedicados al theremin o las clases esporádicas, el estudio ha de ser continuado y dirigido por un maestro durante varios años.

 

Los recursos que utilizamos actualmente para interpretar en el theremin han surgido de la investigación y esfuerzo de numerosos thereministas durante décadas, identificando y aportando las estrategias más óptimas (y menos dañinas para el cuerpo) para controlar el instrumento. Estos recursos difícilmente pueden ser redescubiertos de forma autodidacta, incluso observando a los intérpretes, ya que es muy complejo deducir que están realmente haciendo con sus gesticulaciones.

 

Otro punto importante es que el intérprete ha de tener un dominio mental de la entonación relativa y los saltos interválicos para poder expresarlos en el theremin. Esta faceta, si no se posee con anterioridad, puede aprenderse simultáneamente junto a las primeras lecciones de theremin. Además, para conseguir (y mantener) el tono perfecto de las notas es necesaria una referencia de afinación (al igual que ocurre con los cantantes).

Los campos electromagnéticos del theremin

Al alimentar el theremin se activa alrededor de cada una de sus antenas un campo electromagnético. Estos campos abarcarán un área espacial que deberemos modificar, siguiendo criterios musicales, por medio de unos potenciómetros situados en la caja del instrumento. Una vez ajustados, el intérprete procederá a alterarlos de forma controlada y sincronizada gracias a su entrenamiento postural y coordinativo. Estas alteraciones se convierten en señal de audio gracias a la ingeniería de los circuitos del theremin, esta señal ha de ser amplificada y emitida por un altavoz para ser escuchada.

 

Esta influencia del intérprete sobre los campos electromagnéticos es debido a las propiedades conductivas del cuerpo humano. Añadiremos que estos campos pueden ser influenciados por muchos más elementos: el tipo de amplificador y cableado, auriculares de referencia (conectados al theremin), temperatura de los circuitos del theremin, tamaño y zona de sala donde se toca, personas (y objetos) cercanas al instrumento… ¡Incluso las diferentes masas y estructuras de cada intérprete! De ahí la importancia de calibrar siempre el theremin cada vez que cambie alguno de esos factores.

 

Cada campo electromagnético está vinculado a una propiedad concreta del sonido musical:

  • Antena izquierda (horizontal): articulación y dinámica del sonido.
  • Antena derecha (vertical): entonación del sonido.

La respuesta óptima del theremin a nuestros movimientos también está relacionada con el buen diseño del instrumento, sobre todo la ingeniería vinculada a la antena vertical. Ésta debe proporcionarnos los diferentes tonos de la forma más lineal posible, un ejemplo:

 

La distancia recorrida por el intérprete entre dos notas en salto interválico (exceptuando el unísono), debería ser siempre la misma distancia empezando desde cualquier otra nota de la tesitura del theremin realizando el mismo salto interválico. Esta característica se llama linealidad y debe ser lo más equilibrada posible, imprescindible en un buen theremin.

 

También hay que decir que los diferentes tonos de una escala no están fluctuando ni moviéndose caprichosamente por el espacio. Una vez calibrado el theremin siempre estarán fijos y ordenados en el mismo lugar, a lo largo del recorrido que va desde nuestro cuerpo a la antena vertical. Este recorrido siempre es horizontal (normalmente con cierta diagonal por razones estructurales del cuerpo) desde el punto de vista de un observador externo. Los movimientos verticales no afectan a ese campo, solo los de aproximación o alejamiento a la antena.

Postura del intérprete

La postura inicial de ejecución debe ser con el cuerpo erguido (excepcionalmente sentado) en frente del theremin. Avanzaremos levemente el pie derecho hacia la antena vertical para ganar estabilidad y conseguir la trayectoria apropiada del cuerpo hacia dicha antena. La distancia a la que estaremos del instrumento se regirá siguiendo razones musicales (ahora no se profundizará en este detalle).

 

La mano izquierda estará situada en el punto «cero» de la antena de volumen.

 

El antebrazo derecho lo mantendremos elevado unos 45 grados (sin forzarlo y sin ningún tipo de tensión) con el brazo totalmente relajado cayendo por su propio peso. Este, de forma natural, se inclinará hacia la derecha en dirección a la antena vertical para que el antebrazo siga esa trayectoria. Los dedos estarán relajados y recogidos en primera posición (después se explicará).

 

De todas formas, la postura inicial de esta extremidad y el cuerpo estarán supeditadas a la primera nota con que empiece la obra.

Mecánica de ejecución

Para conseguir sonidos articulados y entonados, tal como se esperaría de un instrumento musical, a partir de la alteración de los campos electromagnéticos debemos educar varias partes del cuerpo para que se muevan con exactitud, sincronía y de forma coreográfica.

 

La técnica empleada ha de ser muy concreta, tanto para conseguir nuestros objetivos musicales como para no dañar nuestro cuerpo con movimientos perjudiciales (a causa de su constante repetición). El proceso de aprendizaje ha de ser enseñado y supervisado por un pedagogo. Un buen intérprete, de por sí, no tiene por qué estar capacitado para la enseñanza. Se entiende por maestro a la persona que conoce el camino y la metodología a seguir para transmitir sus conocimientos a otra persona.

 

Para la antena de volumen básicamente utilizaremos movimientos ascendentes y descendentes de las diferentes partes del brazo izquierdo en coordinación:

  • Muñeca y antebrazo. 
  • Brazo completo.

La antena de tono es mucho más compleja de controlar. En este caso las alteraciones han de ser de gran exactitud, ya que tenemos que conseguir movernos por los diferentes grados de la escala de forma convincente. Utilizaremos multitud de recursos, los más importantes serían:

  • Desplazamientos del cuerpo.
  • Movimientos laterales y en arco del antebrazo.
  • Diferentes grados de obertura de la mano (posiciones).
  • Desviación radial de la muñeca.

Movimientos para la antena de volumen

Muñeca y antebrazo

La función de estos movimientos es la articulación del sonido.

 

Brazo completo

Elevación y descenso del brazo. De esta forma, una vez articulada la nota, conseguiremos las diferentes dinámicas o gradaciones de volumen.

Movimientos para la antena de tono

Desplazamientos del cuerpo

Una postura estable del cuerpo nos permitirá controlar mejor los movimientos de las extremidades superiores, así como situarnos en diferentes zonas de la extensa tesitura del theremin.

 

Movimientos laterales y en arco del antebrazo

El antebrazo derecho nos permitirá tocar con agilidad intervalos con distancias de más de una 4ª; ajustar la afinación de las diferentes posiciones de los dedos o situarnos en los diferentes grados de la escala. También es el encargado, junto con el brazo, de producir la técnica de vibrato.

 

Posiciones (grados de obertura de la mano derecha)

Este recurso fue una de las aportaciones de la gran thereminista Clara Rockmore. Consiste en cuatro niveles básicos de obertura de los dedos de la mano derecha que ella bautizó como «posiciones». Cada posición representa un grado conjunto de la escala, también podemos subdividirlas para hacer recorridos cromáticos o desplazarlas a cualquier grado disjunto. Con esta técnica, junto a los movimientos en arco del antebrazo y desplazamientos del cuerpo, recorreremos controladamente toda la tesitura del theremin.

Para la obertura de los dedos, en nuestro caso (al igual que Rockmore), utilizaremos los músculos extensores y flexores vinculados a las falanges proximales. En otras técnicas, como en el caso de la intérprete Carolina Eyck, hacen un uso intensivo de los extensores y flexores vinculados a las falanges medias y distales.

 

Desviación radial de la muñeca

Es un movimiento articular importante que suele acompañar a las posiciones de la mano derecha.

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