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ERIN (1989-1995), primera parte

Grupo musical de Folk Rock Progresivo de Mollet del Vallès (Barcelona)

Artículo dedicado a José Luís Lozano (1966-2017)

Contextualizando

Uno de los logos de ERIN (Marc Xicola)
Uno de los logos de ERIN (Marc Xicola)

Este año 2019 se celebra el 30 aniversario de la creación del grupo musical molletense ERIN. Revisando documentos de la época y echando la mirada atrás uno se da cuenta de la cantidad de cambios que a sufrido la sociedad y más concretamente el pueblo donde nació el grupo, Mollet del Vallès (Barcelona). A esta población llegué con mi familia en 1978, veníamos de Caldes de Montbui aunque nuestros orígenes estaban en Gallecs. Preparando la biografía también me he sorprendido de la cantidad de cosas que me han ocurrido en una simple década, desde mi llegada a Mollet hasta el nacimiento de ERIN:

 

Me planté en Mollet con 10 años de edad con mi álbum de Mazinger bajo el brazo dispuesto a cursar 5º de EGB, 10 años después ya era profesor de música en una de las escuelas del pueblo (Princesa Sofía, actualmente "Escola del Bosc"), concertista, compositor y arrancaba el proyecto ERIN.

 

Creo que antes de adentrarnos en la historia de la banda estaría bien, de cara a contextualizar y calmar mi instinto musicológico, hacer un repaso de como recuerdo el Mollet de esa época y algunos acontecimientos relacionados. Hay que pensar que aunque aún no nos conocíamos allí ya estaban la gran mayoría de los miembros de ERIN, compartiendo el mismo lugar, época y contexto social. Es necesario el repaso para saber de dónde salió cada miembro del grupo, sus influencias y como llegamos a conocernos, en especial con mi amigo José Luís Lozano a quien quiero dedicarle este artículo.

 

Lo explicado es muy localista, hay datos que sólo los entenderán las personas que hayan vivido en Mollet y en el momento referido. De todas formas gran parte de esos eventos seguramente son comunes a muchas poblaciones de la época y habrán equivalencias con otros lugares.

Mollet del Vallès (1978-1988)

¡ATENCIÓN! Lo que explico a continuación no es en ningún momento una crítica, son recuerdos explicados desde el filtro, fijaciones y punto de vista de mi percepción.

 

Explanada donde actualmente está el ayuntamiento (1982)
Explanada donde actualmente está el ayuntamiento (1982)

El Mollet de esa época, visto desde este futuro, da la sensación de que fuera el recuerdo de un sueño surrealista y salvaje, era difícil predecir tantos cambios en tan poco tiempo.

 

Antes de venir a Mollet viví en dos sitios idílicos: mi pueblo natal Gallecs, donde había vivido mi familia desde principios del siglo XX; y Caldes de Montbui, donde fui a parar después de la famosa expropiación de Gallecs. A Mollet llegué bastante cabreado ya que dejaba atrás todas mis amistades de la infancia, el nuevo pueblo me daba cierto pavor por lo enorme que era en comparación de donde venía, de hecho, ahora es muchísimo más grande y se ha convertido en una ciudad.

Educación y quinquis

En Gallecs teníamos una antigua y pequeña escuela, al lado de la iglesia, disponía de una sala donde estaban todos los niños del pueblo juntos. Mi padre ya había estudiado allí en los años 30/40 hasta los 12 años, actualmente no queda ni rastro de esa escuela ni su entorno. Una vez en Caldes ya pude ir a un centro de educación más normal, la Academia Montbui, dirigida por Delfí Dalmau. Aunque el edificio había sido una harinera disponíamos de diferentes aulas (pocas), gimnasio y patio. Un ambiente muy tranquilo y una relación muy agradable con los profesores. Mollet ya era otra cosa.

 

Me inscribieron para hacer 5º de EGB en una escuela cerca de casa, El Divino Maestro (actualmente "Col·legis Nous"), eso sí fue un cambio radical. Desde el primer día ya recibí esa educación clásica de los golpes de regla y los gritos, antes iban así las cosas. El alumnado no se quedaba atrás, tenías a una serie de personajes que se dedicaban a la intimidación y la agresión fácil, si acababas haciéndote amigo de ellos recibías cursillos de como abrir cabinas telefónicas, te vendían algún tirachinas para matar gorriones en las ramblas (cosa que nunca hice) o te ofrecían tabaco, todo muy instructivo para un chaval de 10 años. Por el pueblo tuvimos el honor de tener rondando al famoso quinqui de la época llamado el Torete, también nos visitó el Vaquilla, según dicen, pero este ya no lo puedo confirmar.

 

Viniendo del campo una necesidad de un niño era salir a jugar a la calle, en Mollet te encontrabas que los parques estaban controlados por bandas de gamberros; en la calle y en algunos bares era habitual encontrarte con yonquis, camellos y algún carterista. ¡Íbamos directos a los 80! En esos años la sociedad tenía un problema muy grave con las drogas, recuerdo en Mollet atracos a mano armada e incluso algún asesinato (ajuste de cuentas). Aprovecho este párrafo para rendir homenaje a mi amigo Marinello, desgraciadamente él estaba metido en estos temas aun siendo una persona muy educada e inteligente, su última noche la paso en mi casa antes de ser, presuntamente, asesinado. Esto ocurrió ya en la época de instituto.

 

En general muchos de estos personajes no pudieron llegar a los 90, las drogas y el sida hicieron su trágico trabajo. Recuerdo muy bien el deterioro de algunos compañeros de clase de EGB: conflictos, drogas, cárcel, decrepitud y muerte.

Medio ambiente y pestilencias

La higiene del pueblo nada que ver como es ahora: las calles llenas de bolsas de basura, el suelo lleno de papeles llevados por el viento, y lo más importante: ¡un vertedero pegado al pueblo donde incineraban toda la basura! Por la noche el olor de Mollet era espectacular, al aroma del vertedero había que sumarle el de todas las fábricas que teníamos alrededor. Recuerdo un día paseando por el pueblo como se levanto delante nuestro, mirando hacia Martorelles, un hongo de humo al estilo bomba atómica, supongo que algún percance en una de las fábricas.

 

Actualmente es agradable ver desde el tren, mientras vamos hacia Barcelona, la cantidad de vegetación que adorna el río Besòs, eso, para quién no lo sepa, es muy reciente. En la época que estamos hablando la imagen era dantesca, directamente era un vertedero de productos químicos y desechos aportados por las antes mencionadas fábricas, la vegetación y fauna eran inexistentes (exceptuando alguna rata). Según me cuenta mi padre él de joven se bañaba y pescaba en ese río, con la industrialización descontrolada eso cambió radicalmente.

Los cines

A parte de esas cosas desagradables también teníamos otras de grato recuerdo. Aunque a más de uno le sorprenda: ¡teníamos tres cines en Mollet, y con sesión doble por el mismo precio!

 

La primera película que vi al llegar aquí fue La Guerra de las Galaxias en el Cinema Catalunya (1960-1994), ubicado en la carretera Jaume I. Había tanta gente ese día que la tuve que ver de pie con mi familia, cosa totalmente impensable y prohibida en la actualidad.

 

En esa época teníamos unas vitrinas cerca de los cines con fotogramas de las próximas proyecciones. Las fotos de publicidad del cine Ateneo (actualmente allí está la librería Abacus) estaban llenas de rombos negros tapando, más o menos, las partes púdicas de las actrices. ¡Estábamos en plena época del cine del destape! En los quioscos era aún peor, cuando ibas al quiosco de la rambla a comprar pipas te encontrabas delante de las narices un montón de revistas pornográficas con portadas totalmente explícitas.

 

Por entonces también estaba de moda el cine de terror italiano, a mi me encantaba y siempre que pasaban alguna en el cine Ateneo me acercaba a verlas (casualmente la misma sala donde pasaban películas eróticas). Pues yo y mis amigos (Toni Troyano, Toni Llorens y algún otro), con 13 o 14 años, nos acercábamos al Ateneo, nos dejaban pasar, nos plantábamos a ver nuestra película de terror de Lucio Fulci o Ruggero Deodato y de segundo plato nos ponían una de destape. Incompresible en la actualidad e incomprensible que dejaran pasar entonces a menores de edad a la sala.

 

Otros grandes recuerdos cinematográficos de la época fue ver dos veces seguidas (entonces se podía hacer) Phantasma de Don Coscarelli, contraste radical con el capítulo de la serie Verano Azul que acababa de ver en la tele antes de ir al cine; o en el cine Avenida el estreno de Alien, el octavo pasajero, en este cine era habitual que te lanzaran palomitas (o otras cosas) desde lo alto del segundo piso, donde se situaban los “cinéfilos” más inquietos. A las pocas semanas estrenaron Alien 2 en el cine Ateneo, inocente de mí fui con toda la ilusión a verla y resulta que era una jugada típica de la época del cine italiano: robar títulos de películas conocidas para promocionar producciones de muy baja calidad. Algunas de estas las he vuelto a ver y tienen ese toque gamberro de la época que les da su gracia.

 

Triste final de los Cinemes Catalunya (2003)
Triste final de los Cinemes Catalunya (2003)

Por entonces las películas que proyectaban estaban divididas en varios rollos de celuloide y se notaba el cambio de uno a otro (aún recuerdo a la persona que iba corriendo de un cine a otro transportándolos). Lo peor era cuando los ponían desordenados y la película perdía todo sentido, pasaba pocas veces pero pasaba. Inolvidables también las maratones de terror en el Cinema Catalunya, allí descubrí a Sam Raimi y su brutal opera prima Posesión Infernal.

 

Coincidiendo con mi llegada a Mollet, verano de 1978, acababan de censurar mi serie favorita, y de todos los chavales de la época, Mazinger Z. Aunque ahora parezca increíble eso podía ocurrir antes en la televisión. Por suerte en Navidades pudimos disfrutar de unos cuantos capítulos más en la tele y el pase veraniego de alguno de sus largometrajes en el Cinema Catalunya.

Arcade y discotecas

Escena del cortometraje "Salmoria Wars"
Escena del cortometraje "Salmoria Wars"

Con la llegada de los 80 llegó una nueva diversión para los chavales: las máquinas recreativas. Por entonces no teníamos videoconsolas caseras, lo máximo que recuerdo era el famoso y primitivo juego Pong que podías conectar al televisor, o los tediosos ordenadores del momento (el Amstrad o el Commodore), que tenías que programarte tu mismo el juego o cargarlo desde una lenta cinta de cassette.

 

En todos los bares de Mollet disponíamos de esas máquinas recreativas arcade:

En el bar Philadelphia recuerdo haber jugado al Galaxian, en el Escorpiu's al Donkey Kong (en ese juego ya aparecía un primigenio Mario Bros), en el Regino el Pengo, el Cal Marfà también era un local al que íbamos habitualmente a jugar, siempre junto al amigo Toni Llorens, que era muy habilidoso con los videojuegos. Cada pocas semanas iban renovando los títulos: AsteroidsPac Man, Arkanoid, Phoenix y un largo etcétera.

Gracias a esta moda ocurrió un fenómeno muy peculiar: niños de poca edad jugando en los bares junto a un montón de adultos que no paraban de fumar (perfectamente permitido en ese momento).

 

Aspecto actual del bar Escorpiu's
Aspecto actual del bar Escorpiu's

Esa época nos marcó tanto a algunos que mucho tiempo después, en el 2003, mi amigo Jordi Viñas y yo presentamos el cortometraje Salmoria Wars, dedicado a esas máquinas de arcade.

 

Otra cosa surrealista, visto desde la actualidad, es que las discotecas, exceptuando el Teatre, estaban dentro del pueblo, entre los bloques de pisos. En la calle Berenguer 11-13 teníamos la sala Infinity (antes Moustache) con sus famosas discusiones y peleas en la entrada del local; en la zona de los taxis teníamos la discoteca Dunhill, a esta fui una vez en plena época EGB (siempre me pregunto porqué me dejaron entrar) y aún recuerdo el tema que no paraban de poner: Babe, We’re Gonna Love Tonight del dúo Lime, super éxito de 1982 y que también ponían insistentemente en los autos de choque de la feria de Mollet. 

 

Música

Otra cosa, que para las generaciones actuales es desconocido, es que teníamos tiendas para comprar grabaciones de música, en esos momentos consistían en cintas de cassette y discos de vinilo.

 

Casi toda mi paga semanal iba a parar a la tienda de discos de la calle Berenguer Telarco (actualmente el local es un bar), cada sábado por la tarde me acercaba allí. Lo llevaban unos chicos muy amables que me ponían en el tocadiscos todo lo que les pedía, allí compré mis primeros discos de Tangerine Dream, NeuroniumVangelis, Kraftwerk, Pink Floyd o Mike Oldfield. Aún recuerdo lo contentos que se pusieron cuando les compré Zeit de Tangerine Dream, disco que nadie quería comprar por lo radical de su estética musical. Otra tienda de la época donde vendían discos era Instronic (situada justo en el principio de la calle Berenguer III, al lado del pub l'Endroit) o incluso en el mercadillo semanal.

 

A principios de los 80 se creó Ràdio Mollet, emitían desde un edificio de la calle Jaume I. En su momento fue toda una novedad que nos hacía mucha ilusión, era muy fácil participar en los programas y pedirles que emitieran alguna canción con una simple llamada. Al cabo de los años acabé haciendo algún programa musical en esta emisora junto a amigos como Marc Xicola, Josep Manel Ron o Sebastià Pi. En el 2001 tuve el honor de componer la nueva sintonía de Ràdio Mollet, la cual aún hoy se puede escuchar cada día.

 

En este pueblo disfruté de mis primeros conciertos de rock, en ese momento el Metal (entonces le llamábamos Rock Duro) estaba muy de moda al igual que el Tecno-pop. Recuerdo perfectamente cuando salió en 1980 la opera prima de Iron Maiden, vinilo que nos ponía insistentemente mi amigo Toni Llorens así como el único trabajo que grabaron el grupo punk Sex Pistols. Fue el primer "metalero" muñequera en brazo que conocí, gracias a él (con la intercesión de Toni Troyano) pude asistir a mi primer concierto de Mike Oldfield (Estadio Narcís Sala, 4 de junio de 1983). Toni también me presentó a otro personaje de Mollet, el genial dibujante Carlitos (Carlos Sanchez Manils), artista cuya obra representa a la perfección aquella época, fue un encuentro muy peculiar. Aprovecho para hacer un pase de sus dibujos porque realmente valen la pena, como podréis comprobar... ¡También teníamos Punks en Mollet!

El primer concierto que me viene a la mente es el de la banda de rock duro EVO, justo antes de hacerse conocidos (el batería, Ramón Solà, dirige actualmente la imprenta El Punt). Tocaron junto a otras bandas en un festival algo caótico (a uno de los grupos no se les presentó el batería), se celebró pegado a uno de los muros externos del antiguo campo de fútbol que estaba situado exactamente donde ahora está el Parc de Les Pruneres.

 

Un grupo habitual en Mollet era la banda Azufre (en ella tocaba el reconocido guitarrista Tony Baena) el cual escuché numerosas veces en todas sus variantes, al igual que mi banda favorita de la zona: el grupo GOLEM. Formación de rock progresivo, con reminiscencias a Jethro Tull, que se merecían más éxito del que tuvieron dada su gran calidad, en Inglaterra hubieran tenido más futuro. La banda estaba dirigida por el cantante, flautista, compositor y técnico de sonido Jordi Díez, él se encargó, posteriormente, de gran parte de las producciones de ERIN y de introducirme en el mundo de la producción musical. Con los años hice gran amistad con los demás miembros de la banda, sobre todo con el guitarrista Josep Lluis Xancó y el baterista Pepe Lafuente, este último ayudó mucho a ERIN en varias ocasiones.

 

Un concierto memorable, aunque lo escuché desde fuera por falta de presupuesto, fue cuando se presentaron en Mollet la famosa banda Barón Rojo, eso fue en el centro de Mollet, en el antes mencionado antiguo campo de futbol (pero esta vez dentro de él). Ese día recuerdo que mucha gente mayor y comercios tenían como miedo, como si fuera a pasar algo peligroso con los seguidores del grupo. Mi amigo Paco Astorga, igual de pobre que yo, pudo entrar por gentileza de Tavi Mill, después hablaré de ellos.

 

En los 80 era la cosa más normal del mundo ver grupos en directo en los locales de Mollet: La Marieta, Pub Estudi, Via Finale, L'Endroit, Transit… Actualmente las nuevas legislaciones han acabado con esa parte de la cultura. Mención a parte el añorado local Bar Pirata, uno de los pocos sitios que he conocido especializados en Hard Rock y Metal, aunque allí no hacían recitales podíamos disfrutar de buena música y del pase de algún concierto de bandas míticas en VHS.

 

Estudiar música era posible aunque aún no teníamos escuela municipal por entonces, un lugar curioso era la tienda de electrónica llamada Instronic (antes citada). En el fondo tenían una sala donde vendían teclados Hammond y una salita a la derecha donde el profesor y compositor Víctor García-Acín daba clases, allí empecé en 1983 (después de un tiempo de ser autodidacta). Gracias a él empecé mis primeras actuaciones, la primera fue exactamente en una obra de teatro en la que él tocaba y me invitó a participar, se celebró en 1984 en el instituto de FP de Mollet, ese día hice amistad con el  técnico de sonido de la sala, Joan Carles, actualmente muy conocido por su empresa So JC.

 

Jaume Mayolas (dibujo de Josep Canet Ferrés)
Jaume Mayolas (dibujo de Josep Canet Ferrés)

También disponíamos de una tienda de música, Pianos Mayolas, regentado por Josep Mayolas (Mollet del Vallès, 1928-1999), allí en los 80 compré mi primera guitarra decente. Jaume me ayudó muchísimo en mis inicios profesionales con la música, gracias a él, en relación a ERIN, conocí al futuro bajista de la banda, Alberto Pita. Cuando Mayolas nos dejó tuvimos la suerte de que Paco Zarrias abrió la tienda de instrumentos Musical Mollet.

 

Otra actividad importante que inicié en 1986, junto a otras amistades, fue mi participación en la coral Sant Vicenç, creada y dirigida por el insigne músico molletense Pelegrí Bernial i Castells. Vital en mi aprendizaje musical y gran fuente de experiencias, viajes y amistades. En ella conocí a dos futuros miembros de ERIN: a la pianista Sara Estaún y al intérprete de instrumentos de caña Emili Legaz (miembro fundador del grupo Xarop de Canya).

 

Por entonces el ayuntamiento funcionaba con menos burocracia, Mollet aún era un pueblo, y podías ser atendido personalmente con suma facilidad cuando querías hacer una propuesta cultural. Gracias a eso llegué a organizar varios festivales de guitarra o incluso traer a mi maestro Francesc de Paula, gran concertista de guitarra, a La Marineta. A su vez el ayuntamiento también me invitó, como interprete de guitarra, a las primeras ediciones de la Fira d’Artesans.

Amistades

Para ir acabando hablaré de mis amistades en Mollet, muchas de ellas vitales para la futura génesis de ERIN.

 

Como al principio comentaba, el tipo de chavales que había en mi escuela de EGB, y el entorno en general, no acababan de armonizar con mis motivaciones. Fue durante mi época de instituto en el Vicenç Plantada que se cumplió el dicho: “Dios los cría y ellos se juntan”. Allí tuve la suerte de descubrir a una de las rarezas del instituto: a Paco Astorga, guitarrista con inquietudes musicales muy similares a las mías, estuvimos tocando y estudiando juntos música durante un tiempo. Gracias a él conocí a otros músicos que pululaban por allí, como el bajista Josep Manel RonTavi Mill (cantante del grupo Cuñados Violentos entre otras formaciones). En el mismo instituto empezamos todos nuestras primeras experiencias rockeras en la sala de teatro, hasta entonces estaba yo muy concentrado con la guitarra clásica. Durante mi estancia en el instituto desarrollé bastantes actividades musicales: conferencias, conciertos, e incluso escribí música para una obra de teatro: Cap cap pla no cap al cap del replà.

 

Gracias a Paco también conocí a un grupo de personas muy peculiares, eran, como yo los denomino (incluyéndome a mi) la generación Félix (Félix Rodríguez de la Fuente). Eso fue aproximadamente en 1984, eran una rara avis: chicos y chicas de unos 15 años amantes de la naturaleza, el excursionismo, estudiosos de la fauna y la flora (fósiles y minerales incluidos), el ecologismo, el pacifismo, implicados con la cultura… ¡toda una rareza en Mollet!

 

Juntos pasamos unos fantásticos años compartiendo reuniones, excursiones, viajes, conciertos, fiestas… Incluso se creó en 1984 un grupo cultural muy activo, propulsado por el incansable Jordi Bertran, llamado ATHENE “Grup per a la Conservació i Estudi de la Natura”. Esta asociación tuvo bastantes años de actividad, el ayuntamiento nos cedió un local en el carrer de la Pau, situado justo donde actualmente está el Parc de les Pruneres. Todo acabó cuando el ayuntamiento, para sorpresa nuestra, derribó el local, ese mismo día tuvimos que ir deprisa y corriendo a desalojar todo el material de la sede.

 

Este grupo de personas tenía gran magnetismo, continuamente se adherían nuevos miembros. Uno de ellos era un estudiante de teatro que ya lo teníamos visto de Mollet por hacer algunas rarezas, hablamos de Sebastià Pi: actor, cantante, profesor, animador infantil, bailarín de claqué y muchas cosas más. Enseguida que le conocí hicimos una gran amistad y empezamos a trabajar juntos. Compartimos numerosos proyectos de música, radio, animación y teatro, fue, técnicamente, el primer batería de ERIN.

 

La mayoría de estas amistades eran muy aficionadas a la música, de hecho muchos tocaban instrumentos o cantaban. Entre ellos llegué a tocar con Quim Galán (flautas de pico) o Juanma Izquierdo (guitarra acústica), también muchos de sus miembros participamos en la antes mencionada coral Sant Vicenç, como por ejemplo Ester Costa, Paqui Esteban, Andreu Monblan o, nuevamente, Quim Galán. Pero de entre ellos he de destacar a dos futuros miembros de ERIN: José Luís Lozano (guitarra eléctrica) y el diseñador y creativo visual de la banda Marc Xicola, hijo del eminente pintor Jaume Xicola. Gracias a Lozano conocí al batería definitivo de ERIN: Carles Lacueva.

 

A mediados de los 80 estos amigos descubrimos la música folk y sus variantes. Nos gustaban tanto los artistas más tradicionales, como el grupo gallego Milladoiro o el intérprete de arpa Emilio Cao, como las formaciones que fusionaban esa música con el rock, a destacar el grupo Labanda. Tenían un imaginario totalmente relacionado con nuestras aficiones y forma de pensar. El interés fue tan grande que llegamos a disfrutar de esa música en multitud de festivales, como por ejemplo el Festival Intercéltico de Lorient (Bretaña francesa) o incluso en algún viaje por Irlanda.

 

Este estilo más el poso que ya teníamos del rock progresivo fue el detonante de la creación del grupo ERIN. Llegados a este punto, y directos al año 1989, ya estamos preparados para iniciar la biografía de la banda ERIN.

Miembros fundadores del grupo ERIN, de izquierda a derecha:

Víctor Estrada, Carles Lacueva, Sara Estaún, José Luís Lozano, Alberto Pita y Emili Legaz.

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Comentarios: 5
  • #1

    carlos sanchez manils (domingo, 03 noviembre 2019 10:08)

    muy acertado, verídico, entrañable y excelente relato del Mollet de los años 80

  • #2

    Albergó pita (domingo, 03 noviembre 2019 10:32)

    Amigo Víctor, por un momento, me has hecho retroceder en el tiempo, a una de las etapas mas enriquecedoras de mi vida, mis inicios en el mundo de la musica, en los cuales tu fuiste parte fundamental, gracias compañero, un abrazo

  • #3

    Sebastià Pi (domingo, 03 noviembre 2019 11:38)

    Gran persona Víctor. Haberte conocido en esa época y vivirla con fuerza, sobreviviendo a los incovenientes, sufrirla...ha sido, y seguirà siendo, un recuerdo para siempre.

  • #4

    Pepe Lafuente (domingo, 03 noviembre 2019 11:42)

    Joder Víctor, vaya curro te has dado, por la cantidad y por la calidad. He llegado a oler aquel Mollet de los 80-90 y volver a sentir cercanas emociones compartidas con todos los que rondábamos por allí.
    Felicidades Víctor, un acierto.

  • #5

    Emili Legaz (martes, 05 noviembre 2019 13:56)

    Gràcies de nou Víctor. Espectant per llegir la continuació del relat. Quants records i emocions!!
    Una abraçada