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ERIN (1989-1995), segunda parte

Grupo musical de Folk Rock Progresivo de Mollet del Vallès (Barcelona)

Este artículo sólo tiene interés para los protagonistas y observadores de lo narrado, o para algún antropólogo que quiera investigar la interactuación entre músicos y la génesis de sus proyectos. Se lo dedico a mi amigo Julio Antonio Senador (1945-2012), inspirador de alguno de los pasajes con su retórica.

 

Por Víctor Estrada Mañas

Presentación

En el capítulo anterior se presentaron a todos los futuros miembros de la primera formación de ERIN, verdaderos supervivientes de los años 80 que se movían en contextos muy dispares. Todo lo explicado en aquel capítulo abarcaba justo hasta mediados de 1989, prosigamos.

La Gestación

Hasta ese año 1989 ya tenía acumulada mucha experiencia como concertista, incluso ya ejercía como profesor de música en escuelas. Además, estaba implicado en muchas actividades musicales: organizador y participante de festivales y conciertos; miembro de varios conjuntos de música clásica, rock, animación y teatro; locutor en algún programa de radio… pero hacía años que tenía un proyecto en mente que aún no había llevado a cabo:

 

«Crear un conjunto musical para tocar música folk con contundencia rock, temas sin cantante, sólo instrumentales con estructuras de cierta complejidad alejadas del rock clásico, y con el protagonismo melódico de la guitarra eléctrica siguiendo el estilo serio y elegante británico». ¡La cosa estaba complicada!

 

Con mis amistades de la asociación Athene ya llevábamos tiempo disfrutando de conciertos y festivales de folk, esa música siempre amenizaba nuestras reuniones y fiestas. Era tal nuestra afición a ese género y su imaginario que incluso en las excursiones nos llevábamos un libro para leer en comunidad titulado: «Cuentos Celtas» (recopilados por Joseph Jacobs). Esta obra influyó mucho en los inicios del grupo ERIN (de ahí salió este nombre) y otros proyectos míos relacionados con el folk.

En agosto de 1988 asistí con mis amigos Marc Xicola y Ester Costa al «Festival Intercéltico de Lorient» de la Bretaña, allí, por fin, pude adquirir numerosas partituras de música tradicional (entonces no existía internet), a destacar el gran libro titulado «O'Neill's Music of Ireland» con casi 2000 melodías recogidas por el oficial y musicólogo Francis O’Neill.

Marc y yo nos encargamos de grabar muchos de los conciertos a los que asistimos durante el festival, ese material lo aprovechamos al poco tiempo para hacer dos especiales en nuestro programa radiofónico «Musical Out» en Radio Mollet, también participó haciéndonos preguntas nuestro amigo Andreu Monblan.

Como anécdota del festival comentaré que en el camping conocí al que sería un futuro miembro de Erin (imposible imaginarlo en ese momento). Un percusionista muy peculiar, de barba roja y pinta de vikingo llamado Ernest Agramunt, de hecho, ya lo tenía visto de otros festivales. Gracias a él conocí a otros músicos que acabaron siendo grandes amigos y compañeros en multitud de proyectos musicales.

 

Durante un año estuve tocando y arreglando alguna de las melodías del libro de O’Neill, sacando temas de grupos como «Labanda» o «Milladoiro» y aprendiendo algún tema de música antigua como el «Turdión» o «La Folía» pero dándoles más contundencia. De vez en cuando quedaba con mi amigo Quim Galán para tocar alguno de esos temas, en ese momento yo con guitarra clásica y él con flautas de pico. Llegado el verano de 1989, y con 21 años ya, creía que había llegado el momento de dar el gran paso.

El Nacimiento

Montar una formación musical numerosa suele ser un proyecto lento y complejo, a veces imposible. El primer ERIN se organizó, milagrosamente, en cuestión de días.

 

- Yo en ese momento tocaba habitualmente con mi gran amigo Sebastià Pi, teníamos un dúo de animación infantil llamado «Sebas i Alls». Entre las numerosas habilidades artísticas de Sebas había una muy reciente: tocar la batería. A él le propuse esa tarea.

 

- Entre los amigos de Athene había uno que recientemente estaba tocando la guitarra eléctrica, llevaba el ritmo y el rock en el cuerpo y aprendía muy rápidamente, este era nuestro querido José Luís Lozano, él se encargó de la guitarra eléctrica rítmica.

 

- Entre mis alumnos había uno que estaba aprendiendo bajo eléctrico, aunque estaba empezando tenía una pasión y entrega por el instrumento que veía claro que en poco tiempo sería un buen bajista, este era Alberto Pita, aun él dudando de sus posibilidades accedió a entrar en el grupo, ¡hizo bien!

 

- Varias amistades cantábamos en la coral «Sant Vicenç» de Mollet, dirigida entonces por Pelegrí Bernial. En ella había una chica de especial personalidad que me caía muy bien, de exquisito gusto musical y unas admirables dotes como intérprete de piano clásico, le hice la propuesta y para mi sorpresa accedió a participar en el proyecto, esta era la pianista Sara Estaún.

 

Ya tenía a los músicos y pensado el nombre para el grupo: «ERIN», mítico país donde ocurrían todas las fantásticas historias del libro de cuentos celtas, lo vi muy apropiado para esta aventura. También tenía el repertorio escrito en el papel pautado (aún no disponía de ordenador) y ahora faltaba saber si… ¡podía funcionar un grupo de músicos tan heterodoxo!

Primeros Ensayos

Los inicios fueron extremadamente improvisados, imprevisibles y estresantes. Lo primero que hacía falta era un lugar para ensayar, no se me ocurrió otra idea más brillante que hacerlo en una de las habitaciones del piso donde vivía con mi familia, estaba situado en una cuarta planta rodeado de otros pisos ¡Craso Error! Los vecinos hicieron la vista gorda unos días pero la cosa no podía durar mucho más tiempo. El tema se solucionó de una forma imprevisible como después se verá.

 

Como Sara y yo éramos músicos académicos pudimos montar los temas muy rápidamente, Alberto era muy estudioso y siempre tenía sus líneas de bajo perfectamente aprendidas, Sebastià y Lozano eran tan rítmicos que no les costaba nada seguir los temas.

 

Como la cosa empezaba a sonar una de las amistades de Athene, Jordi Bertran, nos propuso que tocásemos en una de las actividades que organizaba anualmente: «La Mostra de Bolets a Mollet del Vallès», ya en su tercera edición. Instantáneamente dije sí, ya que el ambiente bucólico de esa actividad era ideal para ese tipo de música. Esa fue una gran temeridad por mi parte, los primeros ensayos empezaron en septiembre y el concierto era para mediados de noviembre, ¡muy poco tiempo para estar preparados! Iba a ser una carrera contrarreloj para tener un mínimo de temas bien ensayados.

 

Empezaron los problemas: Sebastià Pi, el baterista, nos comentó que faltaría a varios ensayos por razones familiares, eso desbarataba totalmente los planes para estar preparados para noviembre. Tuve que tomar una desagradable decisión ese mismo día para no incumplir mi compromiso: cambiar de baterista. Lozano, enseguida me comentó que tenía un buen amigo que tocaba la batería, ese era Carles Lacueva. Ya, casi, teníamos la plantilla fija de ERIN que duró hasta su disolución.

 

El Primer Concierto

Con el cambio de baterista también vino la solución a seguir fastidiando a los pobres vecinos, a partir de ese día fuimos a practicar a casa de Carles, en el jardín tenía una casita que utilizaba para estudiar con la batería. Allí, todos apiñados, nos preparamos para el concierto debut.

 

Los ensayos fueron muy intensivos y en pocas semanas ya teníamos nuestro primer repertorio preparado, este consistía en unas cuantas melodías irlandesas (Fanny Power, Dunmanway Lasses, Charles Coote, etc.), un tema de música antigua llamado Turdión, la muñeira «Ai Rosiña», sacada de un disco de Milladoiro, y los primeros temas que escribí especialmente para la formación: «Erin» y «Elidore» (este segundo nombre también sacado del libro de cuentos). El grupo sonaba realmente conjuntado e íbamos muy confiados al concierto. Llegó el día: sábado 11 de noviembre de 1989.

 

El concierto se celebró por la tarde en la plaza de la iglesia, al lado del restaurante «La Marieta». Consistía en hacer de teloneros de una popular banda de baile tradicional llamada «La Portàtil FM», gracias a su gentileza pudimos disponer de equipo para tocar en exteriores. Antes de nosotros hizo un pasacalles otra conocida banda de animación: «Xarop de Canya».

 

Cogí el micrófono, presente al grupo y empezamos el recital. Tocamos con sorprendente seguridad y los temas, aun su complejidad y rápida preparación, salieron perfectamente. Acabado el concierto me di cuenta que el resultado, aunque positivo, estaba muy lejos de lo que tenía en mente:

 

- Yo, en esa época, no tenía ninguna gracia presentando grupos ni canciones, me tenía que autodescartar para ese propósito.

- Una banda de folk-rock con todos sus miembros… ¡leyendo partituras! Quedaba totalmente fuera de contexto, había que erradicar inmediatamente el papel pautado.

- Aunque yo no paraba de saltar de la guitarra eléctrica a la mandolina los diálogos melódicos y tímbricos eran casi inexistentes, sólo me podía ayudar Sara con el teclado y los arreglos en directo sonaban un poco a «juguete» ¡Faltaba algún instrumento solista más para interactuar!

- Nuestra actitud en el escenario era muy, pero que muy sosa: entre músicos académicos, otros novatos y algunos que se sentían fuera de estilo la imagen era muy triste. Había que ir pensando en el asunto.

  

Reaccioné instantáneamente y sabía la solución: Emili Legaz.

Algunas fotos de ese primer concierto

Emili Legaz

En la misma coral donde cantábamos Sara y yo había un personaje muy peculiar con el cual ya había tratado en alguna ocasión, recuerdo la organización de un concierto en el parque de «Can Mulà» de Mollet para una banda de grallas en la que él tocaba, la banda se llamada «La Pera» y él era Emili Legaz. Intérprete de gralla y flautas entre otros instrumentos; sonrisa perenne, burlona y contagiosa; insaciable orador, bromista y chistoso hasta decir ¡BASTA!

 

Me venían a la cabeza numerosas anécdotas vividas con él en los viajes que hacíamos con la coral. Su escandalosa gralla siempre le acompañaba allá a donde fuere, aprovechaba cualquier ocasión para hacerla sonar:

 

- A pleno sol de agosto en las largas esperas en las aduanas de carretera (era la Europa de los 80, llena de fronteras).

- En el dormitorio comunitario al primer rayo de luz, con la consiguiente irritación y queja de todos los que despertaban súbitamente en contra de su voluntad.

- A altas horas de la noche en la antigua Checoslovaquia, con la consecuente retención de la documentación por parte de la policía y pago de una multa por parte de todos los amigos que le acompañábamos.

 

También habían anécdotas divertidas:

 

En uno de los viajes hicimos una parada de descanso y nos sentamos en la hierba, se acercó una amistad común, Paqui Esteban, que venía con una amiga que le acompañaba en el viaje, una vez hechas las presentaciones la chica procedió a sentarse junto a nosotros. En la trayectoria que iba de estar de pie a acomodarse en la hierba se ve que aumentó la presión interna de su cuerpo, ese pequeño trayecto fue acompañado por una estruendosa flatulencia. Yo, en especial, y los otros que estábamos allí sentados no sabíamos como reaccionar ante tal incidente, así que procedimos a estar callados. El silencio empezó a eternizarse y hacerse incluso molesto, ¡por suerte entre nosotros estaba Emili Legaz! Él se encargo de romper el mutismo y hacer unas cuantas bromas para quitarle tragedia a lo sucedido.

El Primer Ensayo con Emili Legaz

Después de mi análisis del primer concierto comenté rápidamente a Emili la propuesta de que tocara con Erin, le pareció una idea fenomenal. Él ya nos conocía porque también había participado en la misma fiesta que nosotros, era uno de los miembros de la antes mencionada banda de grallas «Xarop de Canya». Recuerdo muy bien el primer ensayo con él, fue pocos días después del primer concierto:

 

Estuvimos toda la tarde en el local de Carles tocando, iban pasando las horas, oscureció y seguíamos tocando como si no hubiera un mañana. Por fin podíamos hacer variedad de diálogos entre instrumentos, repartir las melodías para evitar que las hicieran siempre los mismos instrumentos, alegrar la monotonía de algunos temas, complicar las orquestaciones… fue un gran acierto su incorporación a Erin. Al final reaccionamos y vimos que era cuestión de acabar el ensayo ya que era muy tarde, le acompañé hasta su casa para seguir conversando sobre el proyecto. Cuando abrimos la puerta de su casa caimos en picado de la nube donde estábamos flotando, su compañera, y con toda la razón del mundo, nos pegó una tremenda bronca con la cual pasé verdadero terror y angustia, tardé varios días en recuperarme del susto. Esta chica era la genial Silvia Soler, futura letrista de Erin (aparecerá en posteriores capítulos), y simplemente nos estaba recomendando «respetar los horarios familiares».

Fin de Año 1989

Estábamos de buena racha y mi amigo Josep María Berché, uno de los cabecillas de una asociación llamada «La Taula de Joves», nos propuso tocar en un gran escenario en la fiesta de fin de año que estaba organizando la asociación. Era la gran oportunidad de estrenar la nueva formación de Erin por todo lo alto y tocar las nuevas versiones que habíamos preparado de todos los temas, además, había escrito uno nuevo pensando ya en la nueva formación: «Fingula» (nuevamente nombre sacado del susodicho libro celta).

 

Habían más alicientes: delante nuestro tocaba el grupo «Cuñados Violentos», liderado por mi admirado Jordi Diez (creador del grupo progresivo GOLEM); además, Emili hacía doblete animando con su otro grupo, «Xarop de Canya», y, como cabeza de cartel, teníamos al famoso grupo catalán «Sopa de Cabra» ¡Se perfilaba una gran noche!… bueno, al final todo fue un desastre: 

 

Hacía muchísimo frio; descubrimos que en un pabellón de hockey no se puede tocar por su mala acústica, de hecho, antes de empezar el festival escuché claramente a los miembros de Sopa de Cabra comentando lo que se nos venía encima acústicamente hablando; otra cosa, no vino casi nadie, y además, a día de hoy, aún no hemos cobrado ese concierto.

 

Obviando todo lo comentado y fijándonos en lo positivo sí que fue una gran noche: estábamos muy contentos porque conseguimos que Erin sonara a grupo de verdad; los nuevos arreglos funcionaron muy bien y tenían fuerza; en el gran escenario nos sentíamos perfectamente conjuntados y nos lo pasábamos muy bien.

 

Acabada la actuación ya estábamos en 1990 y estaba por venir lo mejor.

Primera formación del grupo Erin. De izquierda a derecha:

 

Víctor Estrada - guitarra eléctrica solista y mandolina

Carles Lacueva - batería

Sara Estaún - teclados

José Luís Lozano - guitarra eléctrica rítmica

Alberto Pita - bajo

Emili Legaz - flautas de pico y gralla

Capítulo anterior:

ERIN (1989-1995), primera parte

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Comentarios: 3
  • #1

    Imma Trujillo (lunes, 10 agosto 2020 23:08)

    Me ha encantado tu narración Victor... Yo os conocia desde muy joven... Os recuerdo a ti,a Sara y a Lozano.... Tb de alguna reunión con el centro excursionista y demás asociaciones y movidas de aquellos tiempos... Muy chulas, por cierto... Saludos, me ga hecho mucha ilusión!!

  • #2

    Nacho (miércoles, 12 agosto 2020 13:15)

    Me ha gustado mucho el escrito, y saber mas de toda esta historia, que grandes recuerdos toda esa epoca, Sara fue durante un tiempo mi profesora de Piano.
    Por cierto yo soy uno de los fundadores de Hermes TOT (que jovenes e inexpertos en aquella epoca) .....en fin otros tiempos.
    Saludos

  • #3

    Lluís Castellet (martes, 18 agosto 2020 10:55)

    Un plaer llegir la bio d’Erin. M’agrada molt com escrius. Fins aviat.